martes, 14 de febrero de 2012

What humanity has come to.

First, I want to start this with a question. Have you ever tried stopping living in your bubble of happiness to take a look around you? So many things happening out there, but no one is there to notice, no one is there to listen, and no one is there to see. It’s crazy to think that in this very second right now, someone’s dying, someone’s cheating on their wife, someone’s writing a suicide note, someone just lost their daughter, someone just got diagnosed with cancer, someone just got in a car accident, someone’s pregnant, someone did cocaine for the first time, someone just got raped, someone took another person’s life, someone hasn’t talked to their dad in years, someone’s signing divorce papers and someone killed themselves. Right there, in that very second, all of that happened somewhere out there in the world.

Things are changing for the worst and what I think is really a shame is people who want to grow up too fast. That said, let me amend my original statement to this: humanity is changing for the worst.

When I was twelve years old, I liked to read, watch T.V., and play in the street with the other kids of the neighborhood. Nowadays children that age spend the day playing video games, becoming little vandals and some of them even drink and have sex. And whenever we hear about something like that, we should think: why hurry? Why don’t kids understand they must enjoy the moment, because they won’t be twelve again?

Things like this are making me start to hate people, and it gets to a point where I don't expect anything else from anyone. It’s disappointing. Do nice, kind people with some proper brains still even exist? People who don't constantly criticize others for their actions or thoughts?

This seems to be a free society, but it really is not. Society is teaching us that no matter what size we are, we'll never be good enough. We'll always be too skinny, too fat, too short, too tall, too this, too that. Saying “How can you be sad when people have it so much worse than you?” is as ridiculous as “How can you be happy when people have it so much better than you?”

When we criticize another person, we might be leading them to doing things they might regret later. Above all, we should have in mind that we just don’t know what another person has gone through, so I personally think criticizing is a very low thing to do. Depression is not an act, eating disorders aren't phases, suicide isn’t a coward’s escape, homosexuality isn’t a disease, and self-harming is not a cry for attention.

It personally makes me happy when I see teenage girls who clearly don't fit in, and are proud of it. It gives me some hope that the future might still have some personality.

The thing is, we all blame society, but we are society, and it's our actions that matter. When people are free to do as they please, they usually imitate each other. You were born an original. Don’t die a copy and help the case, spread the word, and help future generations not to fall for what it’s called “bad habits”.

miércoles, 25 de enero de 2012

Cambio de planes.

Mhmm, hola.

No sé si aún hay gente siguiendo éste blog, puesto que hace como siete meses que no publico ni nada. Es pa' matarme.

En fin, he estado leyendo mis últimas publicaciones, y qué decir, menuda depresión llevaba yo. Ahí está la prueba por si alguna vez me preguntan. TENGO EVIDENCIAS, PIPOL. Y también me he sorprendido por la manera en que escribía (¿escribo?), porque sueno como una persona completamente distinta. O igual es que mi manera de ser ha cambiado después de todo. Nunca se sabe.

Si me paso por aquí es para decir que estoy viva. Algunas de esas antiguas publicaciones asustaban un poco, la verdad. Es sorprendente cómo han cambiado las cosas en qüestión de menos de un año. Por ahí he leído que no creía que pasaría, pero sí, ha pasado. Debo aprender a ser un poco más optimista y escuchar a los demás, pero estaba en una situación que me impedía ver las cosas de otra forma.

En fin, ante todo, he conseguido cambiar de bachillerato. Humanidades no era lo mío, eso estaba claro. ¿Para qué estudiar Latín y Griego si son lenguas muertas? ¡Al menos estudia Griego actual o algo que valga más la pena! Estoy volviendo a hacer primero, eso sí (que conste que NO ES REPETIR, porque no estoy repitiendo las mismas asignaturas, jojojo). La psicóloga del instituto al que iba el año pasado resultó ser una gilipollas, que me hizo tener que decirles a mis padres todo para que fueran a hablar con ella, que resultó que sólo quería hablar con ellos para comprobar que no estaba mintiendo. Lo que decía, GILIPOLLAS, que encima me consideraba una mentirosa. En cuanto me enteré dejé de acudir a las citas y la ignoraba por los pasillos, eso le pasa por (¿otra vez?) gilipollas. Y eso.

Ahora estudio en un pueblo a 25 minutos en coche del mío, pero qué se le va a hacer, porque estoy estudiando lo que me gusta. ¿Sabéis lo que es levantarse por la mañana con ganas de ir a clase? Es algo que no pasa todos los días. Aunque mi nueva clase está llena de gente ignorante que se cree superior (¿dónde no hay?), me hace gracia pensar que soy un año mayor que ellos y que sus comentarios me los puedo pasar por un sitio que no voy a mencionar aquí en caso de que haya niños leyendo (con lo moderna que se está volviendo la civilización, hasta mi prima de cinco años podría estar mirando ésto).

Soy feliz, soy yo misma y por fin siento ser parte de algo que me motiva. Realmente sale el arcoiris después de la tormenta.

P.D: ¡Feliz 2012 a todos y todas! Si aún hay alguien que se asoma por aquí, eso sí... :)

miércoles, 25 de mayo de 2011

"Me siento infinito."

Nunca pensé que podría enamorarme de un libro. Nunca, no completamente. A veces puedes releer y releer, una y otra vez, las mismas páginas con las que te sentiste identificado alguna vez. Lo que he experimentado yo hoy ha sido totalmente distinto.

Hace tan sólo unas horas que he terminado The Perks of Being a Wallflower. Lo releería otra vez, y lo haré, tantas veces como me sea posible para captar todo el significado de ésta magnífica obra. Porque eso es lo que es. Una. maldita. y genial. obra. Una obra para llorar y reír. Una obra para pensar. Una obra que te hace fijarte en los más pequeños detalles de tu alrededor, y una obra que te ayuda a descubrirte a ti mismo. Eso es lo que ha hecho conmigo.

Un texto me hizo detenerme y recordar una antigua entrada que subí aquí hace tiempo, la del autobús. No sé si la recordáis. La entrada en que relataba sobre una chica que tiende a cuestionarse todo, hasta la vida que llevan los demás con los que se cruza. Nunca antes me había encontrado tanta semejanza con un personaje ficticio.


"Querido amigo,
Desearía poder informarte de que las cosas van mejor, pero desafortunadamente no lo hacen. Es difícil, también, porque hemos empezado la escuela de nuevo, y no puedo ir a los sitios donde solía ir. Y no puede ser como era. Y no estaba listo para decir adiós todavía.
[...]
Puedo explicarte una cosa que ocurrió. Estaba en el centro comercial porque ahí es donde voy últimamente. Durante el último par de semanas, he estado yendo cada día, tratando de descubrir por qué la gente va ahí. Es una especie de proyecto personal.
Había éste niño pequeño. Tendría alrededor de cuatro años de edad. No estoy seguro. Estaba llorando muchísimo, y seguía gritando por su madre. Debería haberse perdido. Entonces, vi éste chico más mayor, que a lo mejor tenía diecisiete años. Creo que iba a una escuela diferente porque no lo había visto nunca antes. De todos modos, éste chico más mayor, que tenía aspecto rudo con una chaqueta de cuero y pelo largo y todo, se acercó al niño y le preguntó por su nombre. El pequeño respondió y dejó de llorar.
Entonces, el chico mayor se alejó con el niño.
Un minuto más tarde, oí por el aparato comunicativo diciéndole a la madre que el niño estaba en la mesa de información. Así que fui a la mesa de información a ver que ocurriría.
Supongo que la madre había estado buscando al niño durante mucho tiempo porque llegó corriendo a la mesa de información, y cuando lo vio empezó a llorar. Lo abrazó con fuerza y le dijo que no huyera nunca más de nuevo. Entonces, se lo agradeció al chico mayor que había ayudado, y todo lo que el dijo fue, "la próxima vez vigílelo jodidamente mejor."
Entonces, se fue.
El hombre con el bigote detrás de la mesa de información estaba estupefacto. Al igual que la madre. El niño solo sorbió su nariz, miró a su madre, y dijo,
"Patatas fritas."
La madre miró al pequeño y asintió, y se alejaron. Así que los seguí. Fueron al sitio donde se encuentran los puestos de comida, y adquirieron patatas fritas. El niño estaba sonriendo y tirándose ketchup por encima. Y la madre seguía secando su cara mientras tomaba caladas de su cigarro.
Seguí observando a la madre, tratando de imaginarme como debería haber sido cuando era más joven. Si estaba casada. Si su pequeño niño era un accidente o planeado. Y si eso hacía una diferencia.
Vi a otra gente alrededor. Hombres mayores sentándose solos. Chicas jóvenes con sombra de ojos azules y embarazosas chácharas. Niños pequeños que parecían cansados. Padres en buenos abrigos que parecían incluso más cansados. Niños trabajando detrás de los contadores de los puestos de comida que parecía que no tuvieran la voluntad de vivir durante horas. Las máquinas seguían abriendo y cerrando. La gente seguía dando dinero y obteniendo su cambio. Y todo me parecía muy inquietante.
Así que decidí encontrar otro lugar para ir y descubrir por qué la gente va ahí. Desafortunadamente, no hay muchos lugares como ése. No sé por cuanto más puedo seguir sin un amigo. Solía ser capaz de hacerlo muy fácilmente, pero eso era antes de saber cómo era tener un amigo. Es mucho más fácil no saber ciertas cosas. Y que compartir patatas fritas con tu madre sea suficiente.
[...]
Con amor,
Charlie."

miércoles, 23 de febrero de 2011

Personas.

Esta historia que te cuento es como un grito. Una voz desesperada que grita pidiendo auxilio; auxilio por no ver nada que me llene en el camino - auxilio por ver que hay mucha falta de cariño. Pasan cosas, cambian otras, ley de vida tal vez todo se acaba.

Miro ahora a mi alrededor; veo miles de vidas que no sé cómo son. Cada uno su historia, cada uno su rol - somos solo personas. Unos que viven mejor porque usan el afecto como el primer valor; otros que andan a golpes con su corazón
y no cuidan su vida. Solo quiero regalar un trocito de mi verdad. Solo quiero entregar todo lo que he pasado, lo que llevo guardado en mí.

La vida es esto a pesar de mis complejos: quererme a muerte y poder querer al resto, respirar, que me salga desde dentro y de verdad. Que ser feliz es solo un sueño, un falso invento, que solo existe poder serlo por momentos - nada más, que esta vida es lo mas grande, es la verdad. Somos un trozo de vida, la parte mas viva del gran universo y también lo peor. Virtud y caída, verdad y mentira con capacidad de dar amor... eso es lo que quedará.

Somos un trozo de amor como un saco de llanto, de risa y temor. Somos muchas películas, distinto guión - somos solo personas. Unos que quieren ser dios; otros viven contentos siendo lo que son; otros luchan su trozo; otros lloran su horror - que somos solo personas. Estas enfadado con todo lo que hay cerca de ti. Nunca te has gustado, y vives exigiendote al maximo siempre; tu solo eres culpable de que ahora tu te veas así. ¿Por qué no te quieres aunque sea solo un poquito? ¿Por qué no eres tu mismo y no algo parecido?

La envidia es el deporte nacional en este puto mundo. Sabéis de todo y os encanta hablar... bla, bla, bla. No puedo más, teneis cero de criterio llenos de resentimiento, que pena me da. Sales a la calle y todo el mundo parece tan despreocupado y a nadie le apetece pensar en ti. No se dedicarte ni una sola palabra, me ha costado tanto descubrir la manera de no existir...

Y poco a poco yo le planto cara al miedo. Quité cobarde, por "yo quiero, puedo hacerlo". Y confiar, y salir de mí escondite así sin más. Estar tan sola y no gustarme fué el lamento, el lado fácil de perderme hasta el respeto. Y yo soy más, no soy solo un comentario - valgo más. A veces gritas des de el cielo queriendo destrozar mi calma. Vas persiguiendo como un trueno para darme ese relámpago azul, y ahora me gritas des de el cielo pero te encuentras con mi alma. Conmigo ya no intentes nada, parece que el amor me calma. Hoy vuelvo a encontrar mi corazón que lo tenia escondido dentro de un cajón, y lo pasé tan mal mirando alrededor, estando tan perdida falta de ilusión, cerca del peligro, sin equilibrio y perdiendo el norte.

Y hoy me pregunto por qué me quise tan poco y me encerré dando vueltas y vueltas a algo que yo creé. Y por pensar tengo un millón de cicatrices, soy un escudo, soy hipersensible, una barrera al corazón. Y no me gusta haber estado así de triste... por paranoias yo me hice esas heridas en mi interior.

Somos un trozo de vida, la parte mas viva del gran universo y tambien lo peor. Virtud y caída, verdad y mentira
con capacidad de dar amor... eso es lo que quedará.
El Canto del Loco

sábado, 12 de febrero de 2011

Absurdo.

Todo lo es.

Gracias por los ánimos. Gracias por las esperanzas, por las sonrisas y por las lágrimas. Pero todo tiene un tope, un límite contra el que chocamos y no tiene salida. Se ha terminado.

Sabéis... creía que podía. Creía que realmente iba a poder levantarme y destrozar la piedra que impedía que continuara avanzando. Pero lo único que he conseguido es romperme la mano. La piedra sigue ahí, y yo ahora estoy débil. Débil, llorando porque el golpe duele. He decidido desistir, sentarme, esperar a que pase o que alguien me traiga un calmante que funcione de verdad. Pero al fin y al cabo, esperar. ¿Por cuánto tiempo? Indefinido.

Odio que la gente me siga mintiendo. Todo lo que he escuchado éstos últimos meses ha sido 'todo saldrá bien'. En serio... lo creí. Pensaba que todo iba a mejorar. Pero es inútil que me lo sigáis diciendo, en general. Ya no creo en nada más.

He estado esperando todo este tiempo para ver si podía traer buenas noticias a éste blog. Un poco de felicidad a éstas pesimistas publicaciones. Pero siento decepcionaros, otra vez.

Las cosas no solo no mejoran, sino que van a peor. Sigo teniendo éste miedo escénico, éste horror a que sea el centro de atención. Suelo ponerme pálida, sudorosa y me entran temblores. El asma no ayuda mucho, porque juro que un día de estos me da un ataque. De los de verdad.

No pasa ni un solo día en que no me encierre en el baño y llore hasta quedarme seca. Aprovecho cuando me entra el bajón y lo saco todo. Pero, por mala suerte, no tengo mucho tiempo hasta que mis padres me llaman para volver a ayudar con algo de la casa. Mi madre se cayó en la escalera este Lunes pasado y se rompió el pie. En el mismo día, una operación, cuatro tornillos y veintiuna grapas. No puede moverse por dos meses. Mi hermano tiene clase día y tarde y mi padre trabaja hasta la noche. Eso significa que solo quedo yo para hacer las tareas domésticas, lo que ocupa un montón de tiempo si contáis que también tengo clases, hacer trabajos, estudiar e ir a la academia de inglés. Es demasiado, no puedo. Ha sido la gota que ha colmado el vaso. Y he estallado. Parece que todo sucede a mi alrededor - mi tío murió el 31 de Diciembre, mi padre ha tenido un pre-cáncer por fumar pero no lo deja, y ahora mi madre se queda inválida por un tiempo. ¿Realmente creéis que se puede vivir así? Yo no puedo, no por ahora.

Además, odio mis estudios. Odio el bachillerato humanístico. Odio Literatura, Griego y Latín. No me sé nada, no me puedo concentrar en clase y lo estoy suspendiendo todo. La semana que viene tengo cuatro exámenes y, sinceramente, lloro solo de pensarlo. Odio decepcionar a la gente, y los profesores se creen que no me da la gana estudiar y que solo soy vaga para ponerme a trabajar. Voy a suspender todo y repetir, cosa que no me ha pasado en la vida. Gracias, Alba, por insistir en ayudarme a estudiar, pero es que no quiero. No quiero estudiar. No así. Estoy harta de todo y estoy al borde del colapso. Necesito tiempo para ponerme bien, descansar; pero como continúe así no creo que mejore mucho mi situación.

Y... todo esto me ha hecho dejar de comer. Nunca tengo hambre, cosa rara en mí. Sólo desayuno y como al mediodía. Nada más. Sólo en ésta semana me he adelgazado tres quilos. Y siendo sincera, no me importa. Quiero adelgazar más, incluso he pensado en conseguir pastillas, aunque no sé cómo. Actualmente peso 51.

Empecé a ir a la psicóloga del instituto, pero no me ayuda, porque no me entiende. Quiere que me haga un horario de estudio y lo cumpla. A ver... ¿cómo? No tengo tiempo para nada. Además, como he dicho antes, no quiero estudiar. Desisto. Durante un tiempo, al menos. Y le voy a contar todo ésto en la próxima cita, quiero que me envíe a un psicólogo de verdad o incluso no diría que no a una clínica.

En serio, gracias por los ánimos, pero se ha acabado. No voy a escuchar a nada más que me digan, porque he dejado de creer, creer en mí misma. Puede que eso de 'todo saldrá bien' funcione en otras personas, pero no en mí. Conmigo, la frase 'por más que lo intentes todo saldrá peor', sería la más adecuada.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Todos los ríos llevan a un mismo mar.

Necesito ver a un psicólogo.

Necesito visitar a uno y contarle todos mis problemas.

Lo necesito y lo quiero.

Alguien con experiencia y que sepa encontrar, no una solución, pero sí un tipo de mejora a todo esto. Es todo lo que pido. Lo pondría en mi carta de Navidad, junto a otros muchos caprichos, pero luego vendría la lluvia de preguntas de mis padres. Y, claro, ¿cómo contarles que tienen una hija depresiva?

Porque sí, me he dado cuenta. No necesito hablar con ningún profesional para darme cuenta de que soy una persona depresiva. Con los años ha ido saliendo a flote, y ahora ya estoy segura de ello. Tendré que convivir siendo lo que soy durante el resto de mi vida. Depresiva. Hasta la misma palabra suena… bueno, triste.

No es fácil ser así. Bajones, lloreras, ganas de decir adiós a todo así porque sí, sin razón. Esto también es un poco… bipolar. Del día a la mañana pasas de ser la más feliz del mundo a esconderte en tu habitación y llorar durante horas.

Y más ahora, estoy pasando una época mala. El cambio de instituto fue muy gratificante. Pasar de ver las mismas caras que me hacían una existencia imposible a otras de nuevas, listas para ser exploradas. No me quejo. No me arrepiento. La gente es… genial. Todos se llevan bien conmigo. Pero, ¿qué hago yo? Me escondo de ellos. Las malas experiencias del pasado me han llevado a quedarme en mi propia burbuja, apartándome de todos. Porque aunque ellos hacen lo posible para socializarse conmigo, yo me alejo. Se me está dando una oportunidad para hacer las cosas bien, pero no hago más que desaprovecharla. Día tras día. Hora tras hora. Clase tras clase.

Esto no me va a llevar nada bueno. Sé que no lo hará. Al final se cansarán de mí, y me quedaré sola, como siempre. Volveré a ser la chica rara y aburrida que prefiere estar sola a hablar con alguien.

Pero es que soy así.

Esto es en lo que me he convertido.

La única cosa que me mantiene feliz cada día, y que me ayuda a seguir adelante es a la gente que he conocido éste último año. La que, aunque sé que no están cerca, estarán siempre allí para cualquier cosa. Qué triste, ¿no? Y lo peor y que no ayuda nada en mis fases depresivas es… que están todos en otra zona horaria. ¿Qué significa? Que solo puedo hablar con ellos o por bien entrada la noche o por el temprano amanecer. Lo hago, a veces. Me quedo a escondidas, en el ordenador, o me levanto por la mañana sólo para poder hablar con ellos. Mi madre me grita y amenaza constantemente con castigarme porque dice que estoy obsesionada, que no sé hacer otra cosa. Pero no lo entiende, porque no lo sabe. No sabe la verdad, y no pienso decírsela. No le voy a admitir que soy depresiva y que la única cosa que me mantiene con algo de vida son ellos, y que por eso quiero, necesito, DEBO hablar con ésa gente cada día, sea la hora que sea. Si pasa un solo día en que no lo he hecho, me hundo y me siento con ganas de nada. Intento razonar con ella, contarle una razón diferente tras otra, pero no hay manera. Además, si me grita me deprimo más. No me gustan los gritos. No hay ni un maldito día en que no escuche gritos en mi casa. Eso no me ayuda, hace las cosas peor. Pero, ¿qué puedo hacer? Nada. Es mi casa, no puedo escapar de aquí. Lo haría, pero no puedo. Así que toca convivir con ello, e intentar salir a flote.

Mis padres también creen que como no estudio es por eso que no saco las notas que debería sacar en el instituto. Ya lo sé, soy consciente de que podría sacar mucho más. Siempre me lo han dicho, los profesores. El problema es que no quiero. Quiero estudiar, pero a la vez me da vagancia. No, no es la misma vagancia que tiene la mayoría de la gente. ¿Recordáis la última cosa que os he dicho? Hablar con ésa gente. No puedo estudiar porque pienso en otras cosas, y cuando cojo un libro las ganas de hablar con todos ellos son aún más grandes. No me concentro a leer. No se me quedan las cosas. Tengo vagancia a deprimirme mientras estudio para sacar buena nota. ¿Y a qué lleva eso otra vez? BAM. A obsesión con el ordenador. Todo a mi alrededor es como una cadena de ríos llevando a un mismo mar.

Es lo que creen mis padres. Toooooda razón es ellos. No me conocen. No saben como soy. No me comprenden. No intentan entenderme porque creen que ya lo saben todo. Pero sólo ven mi máscara. La que ellos, mis familiares, mis amigos, mis compañeros de clase quiero que vean. Soy demasiado cerrada como para mostrar todo esto abiertamente. No quiero contárselo a nadie, tampoco, así que lo escribo en forma de palabras. ¿Por miedo? ¿Vergüenza? ¿Incomprensión? Sí, exacto. Eso es.

Necesito ver a un psicólogo.

Lo necesito y lo quiero.

Alguien desconocido que sepa ayudarme a afrontar esto.

martes, 19 de octubre de 2010

Veo, veo.

¿Qué ve ella?

Mente abierta, curiosidad. Se abre camino a través de la enorme fila de gente que espera para subir al autocar. Examina cada cuerpo, cada rostro. ¿Qué le dicen? Una vida tras otra, un lugar de partida con destino diferente. Pasados, recuerdos, experiencias. Familias, hogares, países, culturas; un rasgo único pero a la vez, idéntico.

El autocar está casi vacío. Sólo un joven, un abuelo, una chica discapacitada y dos mujeres de mediana edad ocupan sus asientos. ¿Qué casualidad tan remota y distinta? El vehículo arranca. Está rodeada de sombras invisibles que la observan. Y ella está dispuesta a soportar las miradas. Abriendo el iPhone, suena su canción favorita. Sus ojos se dirigen al otro lado del transparente cristal... y cruza su mirada con un humano.

¿Qué piensa? Juega al 'veo-veo', sin esperar respuestas a sus preguntas. En pocos segundos examina su persona. Es un hombre, diecinueve años quizás. Y tras eso, viene realmente el verdadero juego. ¿De dónde viene? ¿Tiene algún hermano/a? ¿Qué ha vivido durante todos éstos años? ¿Y sus amigos? ¿Cómo piensa; qué tipo de personalidad le embarga por dentro? Y sobretodo... ¿a dónde va? No lo puede saber, claro está. Pero se lo imagina. Se imagina una vida totalmente distinta a la que ella lleva. Con nuevos pensamientos, ideas y conocimientos. Y se hace un esquema mental de cómo en realidad le gustaría ser. Cambiaría muchas, muchísimas cosas de su persona. Muchísimas experiencias y vivencias, y la manera de cómo encajarlas. ¿Realmente cambiaría... si pudiera?

El hombre desaparece de vista. Quizás le volverá a ver otro día, o quizás no. Todo da muchas vueltas; y el tiempo pasa muy deprisa. El autocar corre ahora a través de las grandes llanuras de verde florido que rodean la costa. Y un sentimiento de culpa la embarga por dentro. ¿De verdad será capaz de alejarse de todo aquello? ¿De todos los sitios a los que alguna vez ha llamado 'hogar'? ¿De la superficie de la Tierra que le ha pertenecido desde el inicio de sus días?

Preguntas, y más preguntas. Tendemos a cuestionarlo todo. Y eso es exactamente lo que ella ha hecho siempre... preguntar. Aunque no haya respuesta; y aunque no le importe, ni le aporte nada, ni vaya a encontrarla.

lunes, 30 de agosto de 2010

Y la niña dijo 'BASTA'.

Ya está bien. Vamos a ver... ésta entrada no es para amargarnos, soltar lágrimas y auto-destruirnos en un mar de soledad y desgracia. Admitid que, detrás de nuestra verdadera cara donde todo sale mal, hay momentos de felicidad. De risas, alegrías y... eso.

Éste verano ha sido uno de los mejores de mi vida. He estado en casa la gran mayoría de los días, haciendo manualidades, estando con mi queridísimo ordenador, y, al fin y al cabo SOLA. Y no me molesta, la verdad. Soledad es una muy buena amiga mía. Y está siempre ahí dándome apoyo cuando nadie más lo está (chiste malo pero cierto).

Hah, me encanta el sarcasmo. Es muy útil y poderoso. Puedes meterte con el más popular riéndote en su cara, que no se da cuenta. Sarcasmo es otro amigo mío. Me ayuda a salir a flote cuando no sé cómo actuar. De hecho es mi amante, ¿sabéis? El amor es recíproco (I just wanted you to know).

Acabo de repasar los libros del nuevo instituto y OMGPUTALITERATURAYAVERÁCOMOMETOQUERECUPERARLA. Por lo demás, está bien. Pero joder cada tema es de veinte páginas cómo mínimo. A mi que me costaba estudiar en el instituto... ni siquiera Soledad y Sarcasmo me van a poder ayudar. O me pongo las pilas, o doy marcha atrás y salgo entre patas. ESPABILATEYOU,ARI.

Oh, Dios, adoro hablar así. También notaréis por mis entradas, que me gusta hacer pausas con puntos entre las frases para darles más emoción. No os preocupéis, es algo llamado SUZYMODE. Es una larga historia, que digamos... xD

Últimamente no estoy inspirada para escribir. Maldita inspiración. APARECE. Fuck. Te lo mando. No escribo bien. Nada, nada bien. Antes mis frases estaban mejor estructuradas, usaba mejor vocabulario, y todo tenía sentido. Hoy en día odio mis escritos. FFFFFFFU. Pa ti, Ari: .|.

Me insulto a mi misma. ¿No soy agüesome? Tururú (© All rights belong to the amazing Asaami, KAYBYE)

Esto ni siquiera tiene aspecto de entrada. Sólo digo gilipolleces, a la cual con menos sentido. Creo que mi cerebro está disminuyendo hasta el punto de hacer PLOP, como una palomita. ... . xD. ¿Os lo imagináis? PLOP. *se ríe sola*

Joder, a ver... seriedad. Que me vuelvo más imbécil conforme los minutos pasan. ¿No soy agüesome con esto también? Cambio de humor a la de un, dos, tres. También hablo con mi conciencia, que me responde con la voz de Terminator (?) Y tengo un ángel y un demonio que me dicen que queme cosas constantemente. Ayer quemé el televisor de Suzy, y disfruté encendiendo papeles con Maggie. LOLAZO AL CANTO.

No vais a ver entrada más gilipollas en vuestra vida. Ésto no tiene sentido at all. Joder... cómo molo.

Proveniencia.

Quiero salir de aquí. No aguanto más. A la mínima oportunidad que tenga, me alejo. Todo lo que pueda. Necesito desconectar de ver siempre las mismas caras. Las mismas personas que me hicieron una imposible existencia. De las mismas calles, los mismos sonidos, los mismos olores. NECESITO VER GENTE NUEVA, VISITAR LUGARES NUEVOS.

Es algo que mis padres no entienden. Queriéndome para siempre en éste agobiante lugar, donde nada cambia, donde nada interesante ocurre. No me quieren en una universidad lejana, aunque vaya a ser mejor para mi futuro. Cuando le digo a mi madre que tengo planeado irme a vivir a Londres cuando termine los estudios, me responde con un: '¡Si hombre!'. Cuando le digo que quiero hacer un intercambio de verano en Inglaterra, niega con la cabeza. ¿NO QUIERE QUE ME VAYA BIEN? Lo que a uno le gusta, nunca se lo pueden dar. NUNCA.

No me gusta España. No es que os odie, ni que me caigáis mal, al contrario. Es solo... el lugar. Nunca he sentido honor u orgullo de ser española. Nunca en mi vida. Siempre he sentido que aquí no soy bien recibida. Que realmente pertenezco a otro lugar, dios sabe donde.

Porque, ¿de dónde venimos? ¿A dónde iremos a parar? ¿Dónde estaremos dentro de cinco años? ¿Seguiremos... vivos? ¿Y dentro de veinte, tendrás un buen trabajo y una familia o estarás más sol@ que la una?

El futuro, esa parte del tiempo que nadie conoce con exactitud. La que todos temen muy adentro, aunque no quieran admitirlo. La que nos llevará al final de nuestros días, pasando por un camino liso o empedrado. La que disfruta con nuestras caras de sufrimiento al meternos en problemas. Si... porque eso es el futuro.

La sabia proveniencia de los cuerpos. Cada uno es diferente, cada uno conserva signos de vidas distintas. Y la próxima... llevo tiempo pensándola.

Porque yo creo que existe un término llamado reencarnación, más allá que en unas simples páginas de diccionario.


miércoles, 11 de agosto de 2010

Desahogarse en un mar de lágrimas.

Quiero cerrar el ordenador, pues ya es muy tarde. Me he despedido de todos, he cerrado todo, pero sigo aquí. Me quedo embobada mirando la pantalla, bueno, más bien un horizonte invisible. Y no pienso en nada. Simplemente, miro a la nada.

Me entran ganas de llorar. Y no sé por qué. Es así, de repente. Miro al infinito y lloro.

Estoy cansada. Quiero dejar de preocuparme por cosas estúpidas. Quiero divertirme, ser feliz, inundar mi cara con sonrisas y lágrimas de alegría. Pero no puedo. Por alguna constante razón, la tristeza siempre viene a mí, en todo momento. Como si quisiera que me consumiera. Como si la vida no quisiera verme feliz. Y me estoy hartando.

Supongo que hay varias cosas que influyen. Voy a empezar bachillerato. En un instituto nuevo. No conoceré a nadie allí, estaré sola el primer, o puede que varios días hasta que conozca a alguien con quien juntarme. Pero si os soy sincera, tengo miedo. Miedo de que me vuelva a pasar lo mismo que en mi antigua escuela. Y entonces si que no sabré cómo actuar, porque me habré ido de un sitio por un motivo, para llegar a otro y no solucionar nada.
Luego, estoy perdiendo gente. Personas importantes para mí, las voy perdiendo poco a poco. Me caigan muy bien, o no del todo, pero siguen siendo parte de mi vida. Se marchan por otras personas. No sienta del todo bien, es como si te sustituyeran.
Mi futuro se acerca. Cada vez más rápido. Me queda poco más de dos años para decidir lo que quiero hacer. Y aún no estoy decidida sobre nada. Mucha gente me dice que lo acabaré decidiendo en último año, como le pasa a mucha gente. Pero es que tengo como un sexto sentido, que me dice que no es así. ¿Y si escojo mal? ¿Y si acabo andando por el camino que no debería? No lo sé. Definitivamente, esto me asusta.

¿Y sabéis qué? Tengo miedo. No, ya no hablo de eso. Antes disfrutaba de la oscuridad. Ahora cada noche, tengo que ponerme a escuchar música hasta que me duermo, porque si no, no puedo. He vuelto a cuando era pequeña. Es como un sueño que se repite. Como un bucle temporal. Tengo pesadillas continuamente, despertándome a las cinco de la mañana para luego no querer volver a conciliar el sueño. También oigo cosas. No sabría deciros el qué. No puedo explicarlo. Por ejemplo, ahora mismo estoy oyendo el ruido del agua fluyendo cuando alguien abre el grifo del lavabo del baño. He pensado que era mi abuela, que se había levantado. Pero al estar un buen rato encendido, he decidido levantarme para ir a cerrarlo, creyendo que se le había olvidado. PUES NO. Resulta que mi abuela está en su habitación. Y EL GRIFO NO ESTÁ ABIERTO. Y sí, de vuelta a mi habitación, sigo oyéndolo.

¿Me estoy volviendo loca? Tal vez. Quizá, después de tantas cosas que me han pasado, esté enloqueciendo. Puede que me tema a mí misma.

... puede que tenga miedo de la persona que mejor me conoce.

viernes, 30 de julio de 2010

Qué tristes son las vidas como ésta.

Desde hacía muchos meses (probablemente desde antes de Primavera) que no se me apetecía escribir nada. Y me daba miedo. Hasta ahora, todo lo que había hecho para desahogar mis penas, la ÚNICA cosa que funcionaba, era escribir. Escribir, escribir, escribir. Escribir mis pensamientos, escribir sobre una nueva historia, pero al fin y al cabo, todo era ESCRIBIR. Y esto de estar perdiendo facultades, de que la vagancia me está comiendo por dentro hasta el punto de pudrirme y quedarme todo el puto día sin hacer nada, sólo enganchada al ordenador, una de las cosas más viciosas hoy en día, me está carcomiendo. LO ODIO. Lo peor es que me doy cuenta de ello, y no estoy haciendo nada para solucionarlo. Para volver a sentirme bien con cada tecla que presiono. NO PUEDO. Hasta ahora me están entrando ganas de llorar. La escritura es una de las cosas más valiosas que tengo en ésta vida. Una de las cosas que más me gusta hacer. Y LA ESTOY DEJANDO CAER EN EL OLVIDO. Soy gilipollas. Con todas las letras, en mayúscula, negrita y subrayado.

Tengo dudas sobre TODO. No voy a ponerlas todas, son muchas. Pero todas llevan al mismo punto: ¿Quién soy yo? Ni siquiera yo sé qué quiero. Ni siquiera sé quién soy. Ni siquiera ME CONOZCO. Me lo pongo a pensar, y es una sensación rara. ME HE PERDIDO A MI MISMA.

He perdido mi trayecto, mi carril, mi tren de ida y vuelta a la locura y la cordura. El tren ha caído por un precipicio, dejando miles de muertos, probablemente mis neuronas. Ni siquiera le encuentro sentido a lo que estoy escribiendo ahora. ¿Perdón? Léete a ti misma, Ari. Eres rara, y es la única cosa de la que estás convencida y segura, la única cosa que puedes afirmar en estos instantes. Si alguien de tu ANTIGUA clase (qué bien suena decirlo, sabiendo que no compartirás una misma aula con ellos jamás) leyera esto, probablemente se reiría de ti. O se burlaría. No, haría las dos cosas. Y te dejaría en ridículo delante de los demás, como hacen siempre. SIEMPRE dejándome en ridículo.

Muchas veces lo hago yo sola también. Yo me lo busco. Digo cualquier chorrada, y segundos más tarde, una milésima de segundos después, pienso: ‘Pero qué estupidez más grande acabas de decir. Seguro que ahora pensarán que eres tonta, o yo que sé… O que no eres de aquí. Piensa antes de decir las cosas, imbécil’. Pero aunque las piense, y luego las diga, cuando las ondas sonoras de mis vocales llegan a oídos de otra persona, me siento una completa inútil. Aunque al principio haya pensado que estaba ‘bien’. Luego simplemente pienso: ‘Ojalá no hubieras dicho nada y te hubieras limitado a callarte’.

Dudo. Dudo de las cosas que digo. Dudo de las cosas que hago. Dudo de las cosas que pienso. Ya ni me creo las cosas que pasan por mi mente. ¿Por qué me pasa esto? Tengo quince años, quince míseros años, estoy en plena adolescencia, y lo que tendría que preocuparme en éstos momentos son los amigos, los chicos, las fiestas, y el no estudiar. Básicamente, eso es lo que mi generación hace hoy en día. Pero no, tengo que tener éstas insufribles dudas corriéndome por dentro como gusanos. Dudo de la persona que soy.

Todo este tiempo he estado engañándome a mí misma, a mí y a los de mi alrededor. Siempre simulando ser la chica tranquila y aburrida, sin temas de conversación ni ganas de salir de fiesta. Mis amigos creen que me conocen, pero en realidad no lo hacen. Conocen una persona diferente. Con el mismo aspecto que yo, pero al fin y al cabo, distinta. Solo hay una persona en estos momentos que más o menos se hace una idea de cómo soy, y todo porque interpreta muy bien las emociones y el comportamiento de la gente. Sé que muy probablemente nunca llegarás a leer esto, pero solo quiero decirte que gracias. Eres la persona que hace menos tiempo que me conoce, pero la que más lejos ha llegado. Sabes lo que me gusta. Sabes cuáles son mis deseos y mis sueños. Sabes lo que se me pasa por la mente a cada momento. Sabes cuándo hablar conmigo, y cuándo sentarte simplemente al lado sin decir nada. GRACIAS.

Y después de esto, ya no aguanto más y desato ese nudo en el estómago que me impedía no llorar. Soy una puta niña sensible, que llora por cosas como ésta. Una niña egoísta, que se cierra a sí misma y solo sabe mostrar una máscara de cómo en realidad es. Que llora en silencio en la habitación, en secreto, escribiendo esto, sabiendo que su hermano está en la litera de arriba y que no quiere que la vea llorar.

Qué tristes son las vidas como esta. Muchos se quejarán porque sus padres no les dejan ir a una fiesta, porque no quieren comprarles el último juego de Play Station 3 que ha salido a la venta, porque se pelean con su madre constantemente iniciando ellos la principal razón del enfrentamiento y dirán que nadie les entiende. Y maldecirán sus vidas. Y mandarán a todo el mundo a la mierda. Y dirán: ‘joder qué vida más asquerosa me ha tocado’.

Sinceramente, gente como yo es quien realmente siente qué es decir eso. Quien realmente merece gritarlo a los cuatro vientos. Quien realmente se siente un incomprendido frente a ésta sociedad, solos, sin nadie que les pueda aconsejar por el camino. Porque poca gente piensa como nosotros. Y digo ‘nosotros’ porque aún siento un poco de luz donde no la hay, con la esperanza de encontrar a más gente que se sienta como yo.

Porque en realidad no tengo ni idea.

Porque en realidad podría decir ‘poca gente que piensa como yo’, perfectamente.

miércoles, 28 de julio de 2010

El Boulevard de los Sueños Rotos.

Estaba escuchando ésta canción, en el camino de regreso a casa. Después de despedirme de mi prima y de mi tía, que hoy volvían a Madrid. La escuchaba mientras veía las nubes pasar. Mientras pasaba pueblos y más pueblos de ésta zona recóndita de la Costa Brava. Mientras veía a la gente, compartir vidas. Mientras veía a las personas viviendo. Felices, riendo, y compartiendo sueños.

… sueños.

Yo tenía, de eso. Lo recuerdo. Mi mayor sueño era llegar a ser astrónoma. Pero me lo fastidiaron todo, y abandoné. Y ahora me arrepiento, pero he malgastado demasiado tiempo.

Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él. Yo no las vi. No había señales, me quitaron los carteles. La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante. Pues bien, ahora la mía... ya no lo es tanto como solía ser.

... I'm walking down the line that divides me somewhere in my mind.

Qué triste es, que una niña de apenas diez años, se encierre en su propio mundo porque odia al que hay fuera. Que sueñe con cosas imposibles, se invente sus propios amigos imaginarios, y cree todo un mundo, un sitio en el que escapar continuamente. DIEZ AÑOS.

Yo a esa edad, devoraba libros. No literalmente, me los zampaba. Amaba la lectura. Para mí era un lugar para refugiarme. Y al salir de ése mundo, no apartaba el libro y lo dejaba hasta la próxima vez. No, me lo llevaba fuera. Y disfrutaba. Era una niña fanática de la saga de magos más famosa de la historia. Los personajes, eran amigos míos. Continuamente pensaba en las historias que encerraban sus páginas.

Y cuando no leía, mi realidad se convertía en Hogwarts. Quería ir a esa escuela. Seguramente no fui la única niña, ni lo soy, pero lo que hacía era estar encerrada ahí dentro desde mi mente, porque no me gustaba vivir aquí. En mi cabeza, estaba allí. Prefería una vida de fantasía y ciencia ficción a la que estaba viviendo. Incluso esperé al verano siguiente después de hacer once años, ansiosa por mi carta, deseando que me mandaran hacia allí. Puede que suene muy infantil, pero la depresión vino a mí cuando vi que no me mandaron nada. Qué triste e inocente a la vez.

… and I walk alone.

Ando sola, siempre lo he sabido. Voy por un camino que no sé a dónde llega, por el cual no va nadie excepto yo. Pero no me importa, porque me siento bien. A veces puede que desee que alguien fuera del recorrido venga a encontrarme. Pero hoy en día… camino sola.

Desde la primera vez que oí estas letras, hasta el fin de mis días… sé que esta es MI canción. No puedo explicarlo. Pero, de una forma u otra, está escrita para mí. Es flipante cómo una melodía y unas letras, pueden convertirse en parte de tu vida. Cómo puedes sentir que hablan sobre algo que estás viviendo. Cómo pueden cambiarte.

Supongo que recordaréis que dije, que la felicidad que albergaba dentro pronto se iría.

… el día ha llegado.

Vuelvo a encontrarme perdida en el Boulevard de los Sueños Rotos. Y siento que quiero quedarme... por un tiempo.

martes, 27 de julio de 2010

Repetición.

Tengo un constante tambor en la cabeza. Bum, bum, bum.

No he dormido casi nada. Ayer llegué a casa a las dos de la mañana. Mi madre me ha despertado a las ocho y media, pues mis tíos y primos tienen que venir para ir a comprar al mercado. Son las diez y diez, y aún sigo esperando.

Tengo mucho sueño, y siento como si miles de esfuerzos de mi subconsciente hicieran lo imposible porque cierre los párpados y me someta a otro raro, y quién sabe si mal sueño. Pero no le hago caso y sigo escribiendo ésto, aunque no esté muy por la labor.

Repetición. Tengo un sueño que se me repite. Y no, no desde hace unas noches, ni unos días, ni unas semanas. Tengo un sueño que se me repite desde los seis años. Una vez al mes. Doce veces al año.

Al principio, me daba miedo. Cuando todo empezó era pequeña y siempre despertaba llorando, sin querer volver a dormirme. No sabía qué significaba, no sabía por qué lo soñaba una y otra vez, pero siempre volvía, y a mi, me asustaba. Luego, poco a poco empecé a acostumbrarme. A los diez años, despertaba y me quedaba sentada en la cama, pensando, y recordándolo claramente. Esforzándome por buscarle un sentido, pero mis pensamientos a mitad de la noche no daban para mucho. Volvía a dormirme, y soñaba con otra cosa totalmente distinta, pero NO con ése sueño, sólo hasta que volviera a acordarme de él un mes mas tarde, al volver a despertar a las tres de la mañana.

Ayer, volví a soñar.

Cuando era pequeña, me daba miedo subir las largas escaleras para ir al piso de arriba, oscuro y tétrico, así que mis padres me dejaban dormir en el salón, viendo la tele en el sofá con ellos, hasta que me dormía y posteriormente ellos me subían a la habitación.

En el sueño, todo empieza con que estoy durmiendo. Sí, sueño dentro del sueño. Pero no sueño nada, está todo negro. Así que de pronto, abro los ojos. Estoy en el salón, y aunque el tiempo haya pasado, aún conservo mi apariencia de seis años, cuando todo esto empezó. Mis padres se han quedado dormidos también, y la televisión sigue encendida. Pero no escucho nada proveniente de la caja cuadrada. Ya sabéis como son los sueños. De repente no sé por qué, me levanto, y medio dormida cruzo el salón y el bajo de las escaleras para dirigirme a la cocina, igual por hambre, pero no recuerdo necesidad alguna de comer algo. Camino hacia la otra punta, y entro en la despensa. Cojo algo, no sé el qué, en el sueño nunca se especifica, pero supongo que es algo de comida. Me doy media vuelta para volver al salón con mis padres, pero justo al pasar por delante de la nevera, me detengo. Intento seguir andando, pero no puedo. Mis piernas están quietas, no responden a mis intentos de moverlas. Con mi mentalidad de seis años, me entra miedo. Así que pienso en gritar, para que vengan mis padres y me ayuden. Pero tampoco puedo. Abro la boca, intento pegar un chillido en medio de la noche, pero no me sale voz. No puedo hacer nada. Estoy inmóvil, en medio de la cocina, a oscuras. Lo único que puedo hacer es mirar hacia uno y otro lado. Veo un resquicio de luz que viene de la televisión del salón, pero nada más. Repentinamente, ante mi pánico de niña inocente, siento un par de manos en mis hombros. No puedo ver quien es, porque no me puedo mover. Solo presiento dos manos que me agarran, pero no me hacen nada. Y es imposible que nadie haya venido, pues a mis espaldas no hay NADA. Sólo la despensa, la pared y la mesa. Ni una ventana, ni una puerta para que alguien pueda entrar.

Y es en ese momento, que me despierto. SIEMPRE, en todos éstos diez años que llevo soñando sobre esto, siempre se termina ahí. Alguien cogiéndome ligeramente por detrás. Y nunca atisbo a ver quién narices es. Es MUY frustrante, pero que mucho.

Ahora hará un par de años, le comenté esto a una amiga. A ella le gusta interpretar cosas. Buscar el significado de los sueños, de la mueca de una persona, y todo eso. Y me explicó lo que ella creía sobre el sueño.

Aunque el tiempo vaya pasando, en el sueño siempre soy pequeña. Vuelvo a mi infancia, con ésa costumbre de dormir en el sofá. Voy a la cocina a 'supuestamente' coger algo para comer, y de pronto me encuentro en una situación que no me gusta nada. Ésta chica interpretó eso como que tengo un miedo infantil. Algo que me ocurrió cuando era pequeña, y que aunque no sea consciente de ello, me haya estado persiguiendo todos estos años, involucrando a algo de mi vida cotidiana, por eso aún mi subconsciente quiere que continúe recordándolo.

Y de pronto, como quién no quiere la cosa, unas manos (no pequeñas, parecen de adulto), se posan sobre mi, sin hacerme nada, solo posándose tranquilamente, justo antes de despertar yo. Siguiendo con la interpretación, me explicó que lo más probable era que alguien intentara ayudarme con ése miedo. Y la cuestión de no verle la cara nunca, ni de saber quién es, ni siquiera de tener una ligera idea de quién podría ser, era que aún no conozco a esa persona.

Me dijo, que algún día éste miedo, éso que me pasó, volvería a mí. En alguna época de mi vida, no se sabe cuando. Pero que volverá. Y alguien que ya conoceré en ése entonces, intentará ayudarme. No serán mis padres, porque en el sueño estaban durmiendo en el sofá, sin saber qué me estaba pasando, ni que estaba despierta, ni que me encontraba en la cocina. No será ningún amigo mío, porque si no sabría quien era. Además, también cuentan las manos de adulto. Parecían de hombre, pues son grandes, y con un poco más de pelo que las manos de una chica normal.

Así que ahora, todo lo que me toca es esperar. Vivir con la duda de quién es esa persona, que intenta sacarme de la pesadilla.

Cuando lo descubra, dad por hecho que os lo diré. Puede que entusiasmada, puede que no. Puede que pasen muchos años hasta que lo sepa. Pero lo cierto es que no pararé hasta descubrirlo. Seguiré soñando cada mes, como siempre, e intentaré parar más atención a los detalles, si puedo. Si con el tiempo aprendiera a controlar un poco los sueños, podría cambiar éste. Que cuando me levantara, aún y soñando, supiera lo que me espera en la cocina. Que decidiera ir, o no, a ver lo que sucedería entonces. Pero también me da miedo cambiarlo. Porque puede que si lo cambie, no vuelva a soñar nunca más, puede que rompa ésta cadena, cosa que no quiero.

No sé... supongo que ya se verá.

domingo, 25 de julio de 2010

Escribo esto de noche.

Últimamente, estoy feliz. Sí, feliz. Hasta se me hace raro escribirlo. Sólo desde hace unos pocos días, ésta palabra ha adquirido un sentido para mí. Un sentimiento. ALGO. Antes, era una simple fila de letras con algún significado que no encontraba, en constante peligro de extinción dentro de mi propio diccionario.

Es raro volver a sentir ésta sensación, años después desde la última vez. Sabes que la habías vivido. Tiempo atrás. Pero no sabrías explicar con tus propias palabras, con tus propias vivencias, el verdadero significado de ser feliz. Una vez lo recuperas, sientes que nada puede ir mal. Que el tiempo pasa volando. Que todo te da igual, porque te sientes BIEN.

...

Escribo esto de noche. Mi parte favorita del día, oscura, silenciosa y llena de sombras. Es mi momento para escribir. Cuando la inspiración viene a mí. Es el momento que me trae de vuelta los recuerdos depositados en el fondo de mi mente cuando hay luz. Los oscuros, los tristes. Los que no soporto recordar.

Ni durante la mañana, ni durante la tarde, sino por la noche. Nocturnidad, así lo llamo yo.

Aunque sea feliz ahora, sé que dentro de poco esto desaparecerá. Quién sabe si volverá a ocultarse durante cuatro o cinco años más otra vez. No creo que pueda volver a pasar por martirios como los del pasado. Ya he aguantado bastante, y aún sigo aquí. Gracias a mi fuerza de voluntad, que no es mucha. Gracias a que veía un poco de esperanza donde no la había. Gracias a que, a pesar de que suene un poco fuerte, no haya hecho caso de mis pensamientos sobre el suicidio. Porque pensé en mis padres. Porque tengo pánico al dolor y creía que no podría hacerlo.

En fin, que eso… que aquí estoy. En la nocturnidad. En las tinieblas del día. Sonriendo por fuera, pero dudando por dentro. Mostrando mi segunda cara, la feliz. Porque el rostro oscuro no lo ha visto nadie, todavía.